De las adaptaciones curriculares al diseño universal para el aprendizaje y la instrucción: un cambio de perspectiva

En este texto nos centramos en lo que, en último término, sucede o debería suceder en las prácticas para que estas sean accesibles para todo el alumnado y, con ello, susceptibles de garantizarles a todos y todas no solo la presencia (en espacios educativos ordinarios así como en todas las actividades escolares y extraescolares), sino también el aprendizaje (así como el máximo rendimiento académico) y la participación (entendida no solo como participación activa en el aprendizaje, sino también como bienestar emocional y social).

C. Simón, G. Echeita, M. Sandoval, A. Moreno, C. Márquez, M.L. Fernández y E. Pérez

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Entre los grupos de estudiantes que han vivido en primera persona la existencia de sistemas educativos con poca equidad es evidente que el de los niños y niñas, adolescentes, o jóvenes en situación de (dis)capacidad, es el primero (Campoy, 2013; UNICEF, 2013). La inequidad que han vivido se ha traducido durante mucho tiempo en exclusión pura y dura de los sistemas escolares, considerando sin más a muchos de ellos o ellas “ineducables”. Históricamente esa actitud de prescindencia dio paso a otra de segregación o institucionalización que se prolonga hasta nuestros días, aunque en algunos países con tasas menores a las de antaño (Lema, 2009). Por esa razón no es de extrañar que “la bandera” común que les ha unido a ellos, sus familiares y amigos en las últimas décadas no haya sido otra que la de la “inclusión”, sea en los ámbitos educativos, social, laboral, de ocio, etc. En consecuencia, es comprensible también que el movimiento por “la inclusión” se identifique casi al 100% con el movimiento de las personas en situación de (dis)capacidad por un empleo, una vivienda o una educación inclusiva, entre otras. Pero que ello sea así, no significa que debamos restringir este empuje internacional hacia una educación más inclusiva como si solo afectara a las personas en situación de (dis)capacidad. Como la propia UNESCO y otras muchas organizaciones y expertos han señalado hasta la saciedad, esta es una aspiración que no puede quedar restringida a unos pocos. Es una aspiración para cualquier alumno o alumna, en cualquier lugar, en cualquier circunstancia personal o social que esté en riesgo de vivir situaciones de inequidad.

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